Estudiar programación a los 40 y salir de la zona de confort
Estudié periodismo cuando terminé el secundario. Me recibí pero la falta de entusiasmo y la poca oferta laboral paga me llevó a trabajar de lo que consiguiera para generar un sueldo que me permitiera vivir holgadamente. Me casé, tuve tres hijos y me dediqué a su crianza dejando de lado mi desarrollo profesional. Con el pasar de los años, las ansias de reinsertarme laboralmente se acrecentaban, pero después de tanto tiempo de inactividad y un curriculum desactualizado, sumado a ser mujer, tener 3 hijos y 38 años, la desesperanza se acrecentaba también.
Recuerdo una charla con mi hermano que encendió la idea en mi cabeza sobre volver a estudiar. Cuando terminé el secundario, el famoso test vocacional resaltaba en un rojo furioso “NI CIENCIAS EXACTAS NI INGENIERÍAS”, un mundo al que siempre le tuve muchísimo respeto. Nieta e hija de ingenieros, hija de una madre adicta a las matemáticas, hermana de un Analista en Sistemas, me encontraba dentro de todo un mundo al que yo le escapaba.
Pero fue en esa charla donde se despertó en mí la curiosidad de saber si yo era capaz de desafiarme.
ACEPTAR EL DESAFÍO
Sentir algo de miedo antes de empezar es fundamental, lo interesante es no permitir que ese miedo te paralice y utilizar la nueva oportunidad para evolucionar.
Tanto comenzar con un emprendimiento personal, cambiar de trabajo, hacer un curso de actualización profesional o como fue mi caso, estudiar algo absolutamente fuera de mi zona de confort. Cualquiera sea la forma de evitar el estancamiento, el disconformismo y la desconfianza en nosotros mismos ayudará para generar motivación, competitividad y seguridad.
Es importante que cualquier desafío que aceptes no lo hagas sólo con el fin de ser valorado por los demás sino debes tratar de tomarlo como una inversión a tu crecimiento personal.
En mi caso me sirvió crear un plan de acción. Tenía muy claros los objetivos: Conseguir trabajo (de lo que fuera) y estudiar algo que despertara en mí la curiosidad y tuviera salida laboral, también que me diera la posibilidad de independizarme y me brindara la oportunidad de poder seguir capacitándome y estudiando. Con mi objetivo en vista, conseguí trabajo y volví a estudiar a los 40.
SALIR DE LA ZONA DE CONFORT
Esta frase la hemos escuchado muchas veces pero significa fundamentalmente sacar el piloto automático y desacelerar, buscar algo que nos estimule y nos haga salir de la rutina.
Salir de la zona de confort ayuda a generar autoconfianza, desarrolla la creatividad, permite generar nuevas experiencias, agudiza nuestro desarrollo mental. La mayoría de los humanos necesitamos superarnos para sentirnos felices, necesitamos traspasar los límites de nuestra mente. Y el sentir que podemos hacerlo nos da orgullo y satisfacción personal. Vemos cómo podemos convertirnos en personas que continúan en actividad y se mueven.
Cuando uno va creciendo trata de evitar caer en una pausa, en un sentimiento vacío. Es importante no perder las ansias, las ganas de hacer, de aprender, estimular los sentidos, desafiarnos.
Mi zona de confort estaba truncando mi felicidad personal. Me anoté en un Curso de Programación Web y el primer día cuando el profesor empezó a hablar anoté casi una carilla de palabras desconocidas que más tarde las googlee en mi casa. Al comenzar el primer día estaba segura que “esto no era lo mío” pero ese fue mi motor para superar límites impensados.
Hoy formo part de un equipo que lleva a cabo proyectos en Node, React, Javascript, HTML (todas palabras que tuve que googlear el primer día de clases), estudiando, trabajando, siendo madre, mujer y sobre todo sintiéndome feliz conmigo misma. Nunca es tarde para volver a empezar.